Cuento personalizado – La guerrera de Odín

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Aquí os dejamos un pequeño fragmento de una nueva historia personalizada donde realidad y ficción pierden sus fronteras y límites. La bella Islandia con su impresionante mitología se cuela como telón de fondo. Esperamos que disfrutéis del cuento.

Relatos islandeses

Era un día cualquiera en Madrid. Virginia y Miguel paseaban por la Gran Vía junto a su pequeña, Éinar. Al pasar por la Casa del Libro, decidieron entrar para hacer una visita a Patricia, la hermana de Virginia y, de paso, buscar alguna historia interesante con la que entretenerse durante las próximas semanas. Apenas quedaba un mes para que naciera Leo, y Virginia pensó que sería buena idea tener un buen libro cerca para que la acompañara en las noches de desvelo. La cuestión era saber cuál. No tenía muy claro si le apetecía una historia real, fantástica o quizá de terror, de modo que comenzó a recorrer los pasillos de la inmensa librería y a fijarse en las estanterías que, como gigantes, se alzaban hasta rozar el techo. Agradeció que Éinar estuviera con su padre porque necesitaba tranquilidad para dar con la historia perfecta.

Casi había perdido la esperanza, cuando, olvidado sobre la mesa, un viejo libro llamó su atención. No era ni muy gordo ni muy fino y, por el aspecto de la cubierta, parecía haber pasado por las manos de muchos ávidos lectores. Pero, sin duda, lo que captó la mirada de Virginia fue su título: Relatos islandeses. No era ningún secreto que siempre se había sentido atraída por ese país y, en general, por la cultura escandinava. Ella y Miguel habían visitado Islandia un verano de hace tres años y, además, el nombre de su hija, Éinar, provenía de aquellas tierras lejanas de vikingos.

El primer contacto con el libro la sorprendió. Cuando lo tocó con sus manos, noto un intenso cosquilleo que subía por sus brazos hasta su cuello. Su sexto sentido le decía que algo especial encerraban aquellas páginas. «Cosas de embarazadas», pensó Virginia mientras se disponía a preguntar a su hermana por aquel descubrimiento.

—Patri, ¿tienes idea de cuánto cuesta este libro? No veo el precio por ninguna parte. Es más, no hay ni siquiera código de barras.

—¿Dónde lo has encontrado? —preguntó su hermana mientras cogía el libro y lo ojeaba.

—Sobre una mesa en aquel rincón —explicó Virginia indicando con su dedo índice el punto exacto del hallazgo.

—Me temo que no es de la Casa del Libro. Alguien lo habrá olvidado. ¿Por qué no te lo quedas?

—No debería. ¿Y si la persona vuelve en busca de su libro?

—Vir, tú siempre pensando y haciendo lo correcto —contestó su hermana sonriendo—. Te propongo una cosa. Si hoy no viene nadie preguntando por él, te lo llevo a casa. Además, en el caso de que el dueño venga dentro de un mes, también podremos devolvérselo, ¿no?

Aunque un tanto insegura, Virginia aceptó la propuesta. No sabía por qué pero leer ese libro de repente se había convertido en una necesidad. «Ojalá nadie lo reclame para poder empezarlo cuanto antes», anhelaba Virginia. Y así fue. Sus deseos se cumplieron y aquel libro olvidado regresó a sus manos esa misma noche…